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actualizados 15:38 CEST 24/08/19

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Francos Franceses


El Franco francés es una de las monedas de oro más conocidas en Europa. Fue introducida por primera vez en 1356, aunque no fue hasta 1803 cuando se introdujo durante el período napoleónico y la ascensión del Imperio Francés.

En las monedas aparecen los retratos de Napoleón, Napoleón III (sobrino de Napoleón), Marianne (el símbolo nacional de Francia) y el Ángel de la Guarda, una interpretación del "genio" romano que seguía y protegía a la gente a lo largo de sus vidas. Se considera que este ángel representa el espíritu de la Revolución Francesa.

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El origen del Franco

El Rey Juan II de Francia y Eduardo III de Inglaterra se encontraban en guerra durante la Guerra de los 100 Años. En 1356, las tropas de Eduardo fueron abatidas tras haber lanzado una serie de ataques en el suroeste de Francia: entre los pocos que quedaban, muchos acabaron heridos o enfermos, además de estar rodeados por el Rey Juan, quien acompañó a sus tropas para defender a su pueblo. El consejo militar de Juan fue dejar que las tropas de Eduardo murieran de hambre o se rindiesen antes, pero en su lugar Juan lanzó un ataque directo hacia las tropas de Eduardo. Juan perdió y fue capturado como prisionero de guerra.

Durante los cuatro años que siguieron, el monarca francés fue prisionero de los ingleses, al que mantuvieron encerrado en varios castillos y por último en la Torre de Londres. Durante los siguientes años se presentaron varios tratados que posteriormente fueron rechazados por ambas partes, hasta que finalmente llegaron a un acuerdo y el Rey Juan fue puesto en libertad en 1360.

Como parte de su acuerdo de libertad, el Rey Juan tuvo que entregar rehenes que le sustituyeran (entre ellos su hijo Luis) y pagar un rescate que permitiría la liberación de dichos rehenes. Para ello, las cecas francesas produjeron monedas de oro como forma de pago, y estas monedas fueron los primeros Francos franceses.

El conflicto entre las dinastías francesas y los nobles resultó en una economía débil, además de la deuda elevada que aún faltaba por pagar por la liberación. Por otro lado, el hijo de Juan - Luis - abandonó el país para evitar convertirse en un rehén de los ingleses. Estos hechos obligaron al Rey Juan a entregarse de nuevo a Eduardo y finalmente falleció como prisionero en 1364.